SERVICIO

De niños, todos pasamos por una etapa de egocentrismo y egoísmo. Es parte de nuestro desarrollo y la formación de nuestra identidad. El problema surge cuando muchas personas permanecen estancadas en esta fase, sin crecer ni madurar. Cuando nos centramos únicamente en nosotros mismos, perdemos las mejores oportunidades que la vida nos ofrece para ser felices. Además, solo buscamos recibir sin estar dispuestos a dar, lo que bloquea el flujo natural de energía.

La naturaleza nos enseña la importancia de dar y recibir. Si algo da, también recibe. Por ejemplo, las lagunas entregan agua a los ríos, los ríos al mar, el mar a las nubes, y finalmente el agua regresa a las lagunas en forma de lluvia. Existe un flujo constante de recursos, donde el agua se moviliza y entrega. De igual forma, en el servicio, lo que se moviliza y entrega es el amor.

El servicio también es beneficioso para la salud. De manera similar a como el ejercicio físico nos ayuda a mantenernos en forma, quemar toxinas, relajarnos y mantener un adecuado ritmo cardiovascular, existen estudios que demuestran que el servicio aporta beneficios sustanciales al bienestar físico. Disfrutamos del deporte cuando competimos, ya sea contra otros o contra nosotros mismos, lo que pone en juego nuestro ego, deseando ganar y ser los mejores. Sin embargo, en el servicio, el ego se reduce, ya que al hacer algo por los demás y no por uno mismo, disminuimos el deseo de ser protagonistas.

El servicio puede abarcar muchas áreas. Hay quienes dedican su vida a ayudar a enfermos, ancianos o niños. Sin embargo, también existe servicio en el ámbito laboral: al apoyar a los colegas, desarrollar a subordinados, y preocuparse por ellos como personas.

Los ríos fluyen hacia el mar porque está en el nivel más bajo. La humildad le otorga su poder. 

"Si deseas gobernar a las personas, debes ponerte por debajo de ellas. Si quieres liderarlas, primero aprende a seguirlas." 

Lao Tzu

Liderazgo: una forma de servir

Las teorías modernas de liderazgo y gestión han evolucionado hacia un enfoque participativo, en el que el poder del líder proviene del servicio a sus seguidores. Este enfoque desafía los paradigmas tradicionales de liderazgo autoritario, donde el líder fuerte manda y dirige. En su lugar, se promueve un líder que se orienta al servicio de su equipo. En muchas empresas, encontramos líderes que basan su liderazgo en el poder formal del cargo, utilizando el miedo a las represalias. Este es un liderazgo egoísta, enfocado en cumplir los objetivos personales del líder. Un liderazgo de este tipo no genera compromiso ni lealtad a largo plazo.

Lao Tzu propone un liderazgo basado en el servicio, donde el enfoque está en los seguidores. El líder deja de ser el centro, aparta su ego y se enfoca en las necesidades de crecimiento y desarrollo de su equipo. Este tipo de liderazgo obtiene poder a través del respeto, la gratitud y la admiración de los seguidores, lo que genera un compromiso genuino y duradero.

Un factor que fomenta el liderazgo egoísta son las mismas empresas. Como menciona Peter Block en su libro *The Empowered Manager*, muchas organizaciones otorgan símbolos de estatus a medida que se asciende en la jerarquía, lo que incentiva el ascenso como prioridad y deja de lado el verdadero objetivo: servir a los clientes. Cuando el líder solo se preocupa por ascender, pone sus intereses personales por encima de los de sus subordinados, iniciando una carrera egoísta.

Recuerdo una visita a las oficinas de Intel, una empresa multimillonaria en Estados Unidos. Me mostraron la oficina del presidente, Andy Grove, que era un cubículo más entre otros. Mi guía, al notar mi sorpresa, me explicó: “En Intel, nadie tiene beneficios especiales. Ni el presidente tiene oficina privada ni estacionamiento asignado”.

 Otro tema relevante es la humildad del líder. En un mundo de cambios rápidos, la soberbia puede ser un gran obstáculo. Un líder soberbio se enfoca más en alabarse a sí mismo que en escuchar a su equipo, perdiendo así una valiosa fuente de retroalimentación. La soberbia nos vuelve sordos a las señales del entorno y reduce nuestra capacidad de respuesta.

Una historia sufí relata las consecuencias de la soberbia: Un botero cruzaba a un intelectual al otro lado del río. El intelectual le preguntó si alguna vez había estudiado gramática o fonética, a lo que el botero respondió que no. Con desprecio, el intelectual replicó: “Qué pena, has perdido la mitad de tu vida”. Momentos después, el bote chocó contra una roca y comenzó a hundirse. El botero preguntó al intelectual si sabía nadar. El intelectual, desesperado, respondió que no. “Qué pena”, replicó el botero, “en ese caso, has perdido toda tu vida”.

Debemos abandonar los paradigmas egoístas del liderazgo autoritario y abrazar un liderazgo al servicio de los demás. El reto es dejar de lado el ego y liberar al servidor humilde que llevamos dentro.

 Liderazgo sin ego

Hoy en día, es crucial que los líderes deleguen más en sus subordinados. Sin embargo, el ego a menudo se convierte en un obstáculo. El ego puede manifestarse en la tendencia a juzgar a los demás, lo cual nos da una falsa sensación de superioridad. Los líderes con un ego fuerte tienden a desmotivar a su equipo, pues solo se enfocan en los errores y limitan la creatividad. El perfeccionismo y la necesidad de protagonismo obstaculizan el desarrollo de los demás y generan ambientes de trabajo tóxicos.

En su libro *Songs of the Bird*, Anthony de Mello cuenta la historia de un campesino que encontró un huevo de águila y lo colocó bajo una gallina. El águila, creyendo que era una gallina, vivió y murió como tal, limitada por una identidad que no le pertenecía. Como líderes, debemos despertar y darnos cuenta de que somos mucho más que nuestro ego. Somos seres capaces de servir y ayudar a los demás a desarrollarse.

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo." 

Mohandas K. Gandhi

 La verdadera evolución

Al cierre del siglo XX, los avances tecnológicos han transformado radicalmente nuestras vidas. Internet, supercomputadoras, redes inalámbricas y la posibilidad de viajes a Marte parecen indicar que estamos en la cúspide de la evolución humana. Sin embargo, al mirar más de cerca, nos encontramos con un mundo lleno de desigualdades, guerras y egoísmo. La revista *Le Monde Diplomatique* revela que las tres personas más ricas del mundo poseen más riqueza que los 48 países más pobres, mientras 3 mil millones de personas viven con menos de 2 dólares al día.

Gary Zukav, en su libro *The Seat of the Soul*, sostiene que la verdadera evolución humana no reside en la tecnología, sino en el nivel de conciencia. La evolución verdadera comienza cuando dejamos de centrarnos en nosotros mismos y nos dedicamos al servicio de los demás.

¿Cómo empezar a cambiar el mundo? Anthony de Mello, en su libro *El Canto del Pájaro*, cuenta la historia de un hombre que pedía a Dios que cambiara el mundo. Al no obtener resultados, comenzó a pedir cambios en las personas cercanas a él, pero tampoco hubo cambios. Finalmente, antes de morir, pidió a Dios fuerzas para cambiarse a sí mismo. Solo entonces comprendió que la única forma de cambiar el mundo es cambiando uno mismo primero, y dando ejemplo.

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